La conclusión general es que para terminar, o al menos paliar, el flagelo, debe combinarse una política educacional en materia vial que parta en el colegio, con un cambio de mentalidad tanto en conductores como peatones.

Además de frías, las cifras sobre los accidentes en Chile y sus efectos son abrumadores. Impresiona saber que el año pasado fueron mil 652 los chilenos que fallecieron en calles y caminos, 47 mil los que salieron con algún tipo de lesión en los 44 mil 839 accidentes ocurridos y casi 400 mil millones de pesos los que el país perdió como consecuencia de los siniestros automovilísticos.
El flagelo tiene, además, un significado especial para la Región del Biobío, ya que después de la Metropolitana, nuestra zona registra la segunda más alta cantidad de muertos, y en cuanto a accidentes solamente somos superados por Santiago y Valparaíso, de acuerdo a las estadísticas de la Comisión Nacional de Seguridad de Tránsito (Conaset). En 2006, la Octava Región tuvo 260 víctimas fatales en 4 mil 12 colisiones, choques, volcamientos o atropellos.
En lo que coinciden mayoritariamente los expertos entendidos en la materia es en el “diagnóstico de la enfermedad”, es decir, en el origen de lo que algunos califican como la crisis con el más alto costo social para Chile y que es asociado con la irresponsabilidad de los conductores. Frente a tantas otras cuestiones que agobian en la actualidad a la sociedad (delincuencia, cesantía), pero a pesar de la gravedad que representa el problema, la búsqueda del “remedio” para terminar con los accidentes de tránsito está paralizada.
“En general, incluido el tema del tránsito, el detonante de muchos situaciones que hoy sufrimos los chilenos es el individualismo.
Mucho tiene que ver con eso de mirar sólo por “mi metro cuadrado”, sin ver una milla más allá. Sólo importa lo que a “mi me corresponde, lo que no me corresponda, que lo vea el otro”. Las personas están demasiado ensimismadas”, expresa el director de Tránsito de la Municipalidad de Concepción, Sergio Marín.
Carabineros insiste en rectificar ese erróneo análisis que atribuye la ocurrencia de un accidente automovilístico a la lluvia, al hielo en la calzada o a la neblina, entre otras cosas. El miércoles de esta semana se produjeron emergencias en distintos puntos de la región, responsabilizándose de ello a las bajas temperaturas y la nieve que, por ejemplo, cayó en sectores de la Ruta del Itata. Como ha reiterado personal policial en otras ocasiones, los siniestros tienen que ver más con conductores que “no están atentos a las condiciones de la vía”.
Licencias y test sicológico
Ante siniestros de alto impacto en la opinión pública, es recurrente debatir el tema desde el punto de vista de la legalidad, como es la Ley 18.290, de Tránsito, que regula el sistema de entrega de los permisos de conducir y las penas por las infracciones que se puedan cometer al manejar un vehículo.
Muchas veces se critican y cuestionan como “obsoletos” los exámenes necesarios para acceder a la licencia de manejar.
Como pasa también con los delitos, no son pocos los que ante la contingencia promueven aumentar las sanciones contra quienes no respeten la señalización o no cumplan con la normativa. Para Marín, la solución no pasa por esos aspectos. Aunque reconoce que los test que contempla el proceso de obtención del documento pueden ser objeto de revisión, defiende las famosas pruebas de reflejos y visión que se aplican en la actualidad. “Esos exámenes no están para nada obsoletos, ya que con ellos se miden, por ejemplo, reacción y coordinación motriz. Si me preguntas si pueden ser mejorados, claro que sí”, subraya, a pesar de que sólo es rechazado un 10 por ciento de quienes inician el trámite para conseguir la licencia de conducir.
Una modificación legal que propone el director de Tránsito penquista es la introducción de un examen psicológico que se clave para decidir la entrega de un permiso para manejar. Hasta 1985, además de las pruebas teóricas y prácticas, el proceso contemplaba la generación de un perfil del solicitante por parte de un profesional del área.
“Había entonces un análisis psicológico del conductor, para lo cual se tenía un perfil tipo en el cual las personas tenían que calzar. El problema es cómo se implementaría”, indica Marín, puntualizando que el objetivo sería determinar la idoneidad moral.
La sicológa Verónica Riquelme concuerda con esa opinión, apuntando a un análisis para determinar, entre otros aspectos, el nivel de agresividad de un conductor.
“Es sorprendente la reacción hoy de quienes manejan, algunos que responden a ciertas situaciones con altos niveles de hostilidad e incluso desafiantes.
La mayor agresividad se da en conductores de entre 18 y 30 años de edad. Se hace entonces fundamental y urgente determinar, por ejemplo, trastornos de personalidad y personas con dependencia del consumo de alcohol o drogas”, puntualizó la profesional.
Respecto de esto último, Sergio Marín critica el que hoy los chilenos puedan borrar información negativa de su hoja de vida, vinculados con sanciones precisamente relativas con conductas ilegales como son el manejo en estado de ebriedad o bajo la influencia de sustancias prohibidas.
“Pasa entonces que hoy llegan a solicitar el documento personas que pudieron eliminar sus antecedentes. La ley lo permite y las Direcciones de Tránsito entonces se ven obligadas a entregar la licencia a una persona que haya realizado el trámite ante el Registro Civil”, explicó el funcinario municipal.
Educación y respeto
También, como Marín y la psicológa Verónica Riquelme, el director del Club de Seguridad de Tránsito de Concepción, Jovino Avaria, reconoce que existen falencias en la ley, pero sostiene que el flagelo de los accidentes de tránsito no disminuirá si sólo se ataca desde el punto de vista legal.
“Hay factores nuevos como el aumento del parque automotriz, lo que ha generado la participación de conductores “sin experiencia”, a diferencia de lo que ocurre en otros países, donde virtualmente nacen en el automóvil. En Chile entonces falta la educación del nuevo conductor, pero también del peatón”, subraya Avaria.
Más que egoísmo, según el director del Club de Seguridad, lo que caracteriza al conductor chileno es la falta de respeto común, precisamente consecuencia de esa carencia en conocimientos en materia vial.
“El problema es cultural e indudablemente la solución radica en una educación sistemática. Veamos lo que pasa en Estados Unidos, donde el joven termina su enseñanza media y sale con su licencia de manejar”, precisa Avaria.
Consultado sobre la moderna infraestructura vial, a la que muchas veces también se apunta en busca de descargos en caso de siniestros, Avaria sostuvo que nuevos elementos o características en carreteras ya tiene un tiempo suficiente como para que sean conocidos por los conductores.
La mayor irresponsabilidad al manejar, y lo confirman las estadísticas de la Conaset, está entre los adolescentes. Para el miembro del Club de Tránsito ese es otro antecedentes que avala que el acento debe estar en la introducción de cambios en la malla curricular, de manera de que desde pequeños se internalice el respeto por la señalización y lo fatal que puede ser la combinación de velocidad y alcohol o drogas.
Municipio versus jueces
Mientras no se produzca el cambio cultural que disminuya la mala conducción y los siniestros en las carretereas, advierte el director de Tránsito de Concepción, lo que queda es aplicar estrictamente la ley.
Por eso es que el municipio penquista podría ser catalogado como el más severo a la hora de tramitar la solicitud de licencia o renovación del permiso de conducir. Un cien por ciento de las personas cuyo certificado de antecedentes no confirme la idoneidad moral requerida es rechazada.
La instrucción de Marín se cumple a pesar de que existe la instancia de apelación ante los jueces de Policía Local, que en algunos casos revierten la decisión municipal y ordenan la entrega del documento.
Fuentes judiciales reconocen la facultad, pero descartan cualquier responsabilidad en lo que ocurre en las calles y caminos. Se analiza caso a caso, indican, realizándose una “calificación técnica” que tiene “mayor fuerza jurídica” porque un director de Tránsito no es abogado.
Las fuentes consultadas, sin embargo, estiman que la rigurosidad de los funcionarios municipales de una Dirección de Tránsito reside más en la eventual responsabilidad que se pueda atribuir posteriormente por la entrega indebida de una licencia y en menor razón por la consecuencia que pueda tener una persona con determinados antecedentes al frente del volante.
“Hay que cumplir y ocupar las atribuciones que nos confiere la ley y por eso todos los casos de (antecedentes por) manejo en estado de ebriedad aquí son dejados en manos de los jueces”, advierte Marín.
Cifras 2006
Accidentes en Chile: 44.839
Mujeres muertas: 355
Hombres muertos: 1.297
Mujeres lesionadas: 18.857
Hombres lesionados: 28.168
Costo social: US$719.000.000
Principal accidente: colisión (50%)
Mayor causa de muerte: atropello
Accidentes 8ª Región: 4.012
Fallecidos a julio 2007: 966
Causas accidentes
Imprudencia del conductor
Desobediencia señalización
Pérdida de control
Imprudencia de peatón
Conducción e ingesta alcohol
Velocidad imprudente
Imprudencia de Pasajero
Fallas mecánicas
Fuente: Conaset